jueves, 2 de diciembre de 2010

La izquierda latinoamericana entre la lógica pendular y la razón emancipatoria

Por Beatriz Stolowicz
“Porque hoy, en América Latina, si se quiere ser de verdad reformista necesariamente hay que ser anticapitalista y antiimperialista. …. Es que sin afectar los cimientos de la reproducción del capitalismo se puede reformar muy poco, y en breve tiempo lo hecho será engullido por las propias dinámicas capitalistas.”
Intervención en la Mesa redonda: Izquierda y renovación del pensamiento. Coloquio Internacional de las Ideas Políticas. Universidad Arcis, Santiago de Chile, 19 de abril de 2006.
Si ustedes me permiten, prefiero hablar de los problemas en el pensamiento de izquierda y no de “renovación”, porque lo nuevo no es en sí mismo sinónimo de bueno. Los problemas tienen que verse en relación con los objetivos, y éstos con lo que define la identidad de izquierda –en toda su heterogeneidad-  que es la búsqueda de la emancipación humana, que implica necesariamente igualdad social.  Desde aquí hay que partir.

Para pensarse, la izquierda latinoamericana requiere de una actitud epistémica que le exige despejar varios asuntos. Para empezar, saber distinguir entre derrota y fracaso, no sólo para pensar la historia reciente, cuestión todavía pendiente y que contamina intelectual y moralmente,  sino también para pensar los desafíos: porque en América Latina se ha comenzado a salir de la derrota, pero salvo en Cuba y Venezuela hasta ahora, en varios países podría estarse caminando hacia el fracaso. Es necesario también superar la aceptación vergonzante de la “teoría de los dos demonios” difundida por la derecha, que responsabiliza a los que luchan contra la opresión, la desigualdad y la injusticia, y justifica la brutalidad de los opresores y privilegiados. Es imprescindible, asimismo, dejar de perseguir fantasmas, atribuyendo al marxismo lo que el dogmatismo y la vulgarización hicieron pasar por él. Lo que, por cierto, ayudaría a analizar con más rigor lo que hoy son cambios morfológicos de procesos de más larga duración y los que son fenómenos totalmente nuevos. También es necesario dejar de hacer análisis autorreferidos, y esto en dos sentidos: de una parte, para medir los avances no sólo por los esfuerzos invertidos –que siempre deben destacarse-  sino en función de las responsabilidades que se tienen y, de otra parte, para definir los objetivos, que no son a modo de nuestras preferencias sino que los impone la realidad a transformar. Y, en este sentido, es necesario prolongar los horizontes temporales del análisis, que se cortaron abruptamente con la crisis del mal llamado socialismo real y que hoy no van más allá del próximo episodio electoral. En otras palabras, la izquierda latinoamericana tiene que recuperar, o en su caso empezar a desarrollar, su capacidad de análisis estratégico.
Esto es urgente, porque hemos ingresado en una nueva época de crisis del capitalismo como sistema histórico, de un capitalismo que siendo primordialmente especulativo, rentista y expropiador sólo puede reproducirse agudizando contradicciones incurables. Esta es una situación nueva, no comparable a período anterior alguno. Los sectores más lúcidos de la derecha lo saben; están desarrollando una estrategia para enfrentarlo, y lo están haciendo con miras a 50 años. Su estrategia tiene como eje la seguridad, seguridad para el capital, en primer lugar sobre la propiedad; seguridad para garantizar las condiciones de su reproducción, basadas cada vez más en  formas de acumulación originaria, es decir, de expropiación, de saqueo, con formas neocoloniales basadas en el control territorial directo sobre las materias primas, los recursos energéticos, el agua, la biodiversidad, además de imponerle a las regiones más débiles sus desechos tóxicos; y seguridad frente a la pérdida irremediable de la cohesión social, eso que llaman “capital social” y que en buen romance implica domesticar a los oprimidos, proclives cada vez más a la protesta y la rebeldía. Los dominantes han logrado socializar su gran problema estratégico de la seguridad como un asunto tan sólo de “hurtos y rapiñas”, una trivialización que confunde a no pocos izquierdistas.
En América Latina, expresión de esa estrategia conservadora es el posliberalismo, el mentado Consenso Posliberal que los ideólogos más lúcidos del sistema vienen gestando desde hace una década. Que se presenta como crítica al neoliberalismo, incluso expropiándole el lenguaje a la izquierda, pero que tiene por objetivo preservar al capitalismo. Es una estrategia esencialmente de control político, que comienza a implementarse desde mediados de la década pasada cuando diagnostican crisis de gobernabilidad por el fracaso del modelo político para impedir la expresión de demandas sociales; que luego busca incidir en el debate de alternativas al neoliberalismo con el propósito de neutralizarlas, y que, cuanto más difícil les resulta impedir que la izquierda gane elecciones, tiene ahora por objetivo hacer que ella se haga cargo de la ejecución de esa estrategia. Los éxitos que ya han tenido es una medida de los problemas en el pensamiento de la izquierda, tanto para pensarse a sí misma como para pensar a los dominantes.  Una izquierda que además de vaciamiento teórico muestra un insuficiente conocimiento histórico, lo que la lleva a enredarse en los discursos doctrinarios que dan forma y encubren los objetivos capitalistas; y que tiene déficit investigativos que le dificultan distinguir entre discurso y proyecto dominantes.
Los posliberales hacen uso de esas ventajas para convencer que puede superarse el neoliberalismo sin tocar al capitalismo. Se presentan como anti-neoliberales porque apelan a “más Estado”, y con eso adquieren enseguida credenciales de “progresistas”. Neoinstitucionalismo, reformas de segunda generación, políticas públicas. Y sí, su estrategia conservadora de seguridad requiere de más Estado. Esto encandila inmediatamente a una izquierda que ha asimilado la retórica neoliberal, que se ha creído el cuento del laissez faire, del Estado mínimo. Y que demuestra que todavía no tiene del todo claro qué es el neoliberalismo, aunque rechace sus efectos. Esto le facilita a los posliberales una operación reduccionista para disociar al neoliberalismo del capitalismo. Reducen el neoliberalismo a una doctrina (“laissez faire”), a un decálogo de políticas económicas (“Consenso de Washington”), y a un responsable (el Fondo Monetario Internacional). El Banco Mundial y el BID se autoeximen. 
El neoliberalismo no es Estado mínimo, sino una intensa intervención estatal a favor del gran capital: disciplinando a la fuerza de trabajo; liberando al capital de toda traba jurídica; transfiriéndole riqueza social e ingresos de los no propietarios; estatizando la política para subordinarla a sus intereses.Tampoco puede ser reducido al “Consenso de Washington”, fetichizado por cierto porque existe como consenso real pero con minúscula, no formalizado como para ponerlo con mayúscula. Aun si admitiéramos la reducción del neoliberalismo a ese decálogo de políticas económicas, éstas condensan y reproducen ampliadamente la violenta transformación de las relaciones de poder entre capital y trabajo a favor del primero, que es la esencia, condición y resultado de la reestructuración capitalista. No pueden cambiarse esas políticas sin alterar las relaciones de poder que les dan sustento, y los posliberales buscan conservarlas. Por otra parte, la personalización del responsable “afuera”, en Washington, exime de responsabilidades a los capitalistas concretos: a los grandes, también latinoamericanos que son transnacionales, y asimismo a los medianos, que  han sido satélites y cómplices del gran capital.
Las reformas de segunda generación, formuladas desde el Banco Mundial en la época de Stiglitz, ni siquiera niegan a las primeras,  las del “Consenso de Washington”; al contrario, dicen que eran correctas pero mal aplicadas y que se cometieron excesos. El neoinstitucionalismo realmente existente, que ya tiene casi una década, es grotescamente proactivo a favor del capital: la pregonada reforma jurídica le aporta mayor seguridad a la gran propiedad,  judiciariza la política y la represión para neutralizar opositores; se legisla para legalizar la flexibilización laboral; se convierte el neocolonialismo en derecho público internacional. Las políticas públicas en nombre de la “equidad” y de la “igualdad de oportunidades” se fundamentan en la muy neoliberal teoría del capital humano y no son distintas a las neoliberales políticas focalizadas contra la pobreza. La retórica posliberal sobre la regulación de mercados se rinde ante el altar que los mismos posliberales levantan a la inversión privada, extranjera y local, a la que –dicen- no se puede limitar pues genera empleo; cuando es principalmente especulativa y rentista, no lo genera. La deuda externa hay que honrarla y los bancos centrales deben mantenerse autónomos.
Pero hablan de Estado. La retórica liberal ha sido tan penetrante que la izquierda ha llegado a aceptar que la diferencia entre derecha e izquierda es entre antiestatismo y estatismo respectivamente, lo que es falso. La derecha no es antiestatista, ni la izquierda es –no debiera- ser estatista, pues el Estado es medio, no un fin en sí mismo. Las experiencias que así lo practicaron fracasaron. Lo que las diferencia es la búsqueda o rechazo de la igualdad. Y hay que recordar que no eran estatistas Marx ni Engels, quienes advertían contra la fascinación frente al Estado y planteaban la necesidad de que se extinguiera como dominación sobre los hombres para que fuera administración sobre las cosas. No lo fue Lenin, inspirado en la  Comuna de Paris, y crítico riguroso de la burocratización.
El Estado –que no sólo es el gobierno- es un poderoso instrumento de transformación, pero sólo si se transforman las relaciones de poder que en él se expresan. Si no, los gobiernos de izquierda sólo podrán administrar lo existente, aunque más eficiente y honestamente. Lo nuevo para la izquierda latinoamericana es que la extensión del rechazo al neoliberalismo le aporta más votos de lo que es su efectiva fuerza social y, por lo tanto, política. Por eso su capacidad transformadora es limitada. Tiene que gestar esa fuerza social y política, incluso para hacer reformas. Porque hoy, en América Latina, si se quiere ser de verdad reformista necesariamente hay que ser anticapitalista y antiimperialista. Esto nada tiene que ver con maximalismos, ni con una discusión ideologizada y dicotómica entre reforma y revolución. Es que sin afectar los cimientos de la reproducción del capitalismo se puede reformar muy poco, y en breve tiempo lo hecho será engullido por las propias dinámicas capitalistas. Varios gobiernos de izquierda ya se ven atados de manos para llevar a cabo el programa de reformas con el que ganaron elecciones en tanto implica cambios económicos. Se declaran impotentes y dicen que ahora es más difícil que antes. ¡Claro que lo es si no se está dispuesto a tocar privilegio alguno del capital!
Los posliberales han logrado popularizar la idea burguesa de la historia como péndulo, que explica al capitalismo como sucesivos movimientos de corrección de anomalías o excesos, que lo devuelven a sus equilibrios y a su normalidad como progreso. Las oscilaciones pendulares siempre son cambio para regresar, siempre se está dentro del capitalismo. La propia derecha difunde la idea de que el actual cambio de orientación política de los gobiernos en nuestra región corresponde a un natural movimiento pendular contra los excesos del neoliberalismo, pero que nada puede hacerse fuera o contra el capitalismo. La izquierda sólo podría ser posliberal. Lo que la teoría del péndulo no dice, por supuesto, es que en la historia del capitalismo cada movimiento de ajuste y corrección generado por el propio sistema (siempre presionado por las contradicciones sociales), se hizo para lograr mayores ganancias –ése es el progreso- y que con cada cambio de mecanismos de reproducción hubo un cambio cualitativo en una mayor concentración y centralización del capital, no un punto de retorno. La contrarrevolución capitalista neoliberal fue exitosa para elevar ganancias, pero el grado de concentración a que condujo produce contradicciones cada vez más intensas, que estamos viendo incluso en el centro del sistema.
¿Adónde llevarían los éxitos del posliberalismo? A asegurarle al capital sus ganancias y, por lo tanto, más concentración, mayor poder para disponer de la gente y su ambiente.  Es por eso que hoy el anticapitalismo y el antiimperialismo son hasta una estrategia defensiva, no sólo de vidas y países, sino del planeta mismo. 
La izquierda acepta la idea del péndulo, contenta porque ahora le toca a ella. Como si el viraje fuera un fenómeno natural, ajeno a sus propias luchas y resistencias. Pero también, me parece, porque tras la idea del péndulo quizás cree poder zafar de los desafíos de ruptura con el orden actual, desafíos que tanto le pesan por los bloqueos y telarañas que mencioné al comienzo. Pero la izquierda tiene que decidir, honestamente, si renuncia a su razón de ser emancipatoria y se va para su casa, o si asume los retos.
Los tiempos se acortaron. Pero hoy los escenarios no son más difíciles que hace algunos años, tanto en la región como en el sistema mundial. Hay que saber verlo y para eso hay que ampliar horizontes. Hay, asimismo, mayor disponibilidad social para los cambios, como para poder disputar la dirección que tome la crisis del capitalismo. En esta crisis no se juega solo, el capital no se rinde. ¿Está dispuesta la izquierda a garantizarle control social y político para darle seguridad?  Aquí no estamos hablando sólo de defecciones, sino del destino de los seres humanos y del planeta, y esto no es retórica. Como se ve, estos problemas complejos no pueden dilucidarse analíticamente con puros lugares comunes o con formulaciones meramente morales. El desafío intelectual es grande.
Tomado de Cur.cl.
Año 2006

miércoles, 29 de septiembre de 2010

SIGUEN MINTIENDO

Hoy dijo Zapatero: “Estamos intentando garantizar el derecho al trabajo, como el derecho de huelga”

¡¡¡MENTIRA, MENTIRA, MIL VECES MENTIRA!!!

El derecho de huelga, es una derecho no solo constitucional, es internacional, existen decenas de conferencias internacionales de la ONU, que establecen normas ratificadas por la inmensa mayoría de los países (entre ellos España), siempre en resguardo de dicho derecho. En ninguna parte de la constitución española, leyes o legislación internacional, se garantiza el “derecho a trabajar”, si existiera, entonces no se podría despedir a ningún trabajador, y hay casi 5 millones de parados.

Durante 2 semanas los partidos de centro-izquierda y derecha española, utilizando los grandes medios de comunicación, realizaron una campaña falaz, elevando a rango constitucional un derecho que no existe desde el punto de vista legal ni moral. Por medio de dicha campaña lograron establecer servicios mínimos innecesarios, cuando en realidad lo que se debe garantizar son los servicios esenciales mínimos (salud, seguridad, servicios indispensables como la electricidad, agua, gas y comunicación). Si hay huelga, ¿para que se necesitan los medios de locomoción en un estado donde la inmensa mayoría tiene vehículo propio?. Éste sistema de ruptura de una huelga, pretende justificar el incumplimiento de un verdadero derecho, que costó mucha sangre y vida de trabajadores.

Asistimos impertérritos a un circulo denigratorio de dicho derecho (el único que tenemos los trabajadores), es tan moderna ésta sociedad que el esquirol no siente vergüenza de serlo, como siempre se justifica la actitud del carnero con que si no trabaja le descontarán el día, bueno sería que nos pagaran para hacer huelga, si así fuera, estaríamos parando a favor de las empresas. Quienes nos plegamos a la huelga, no estamos felices de perder un día de trabajo, pero es la única herramienta que tenemos para impedir que trabajadores y pimes paguemos la crisis que benefició y continúa beneficiando a los grandes capitales con el que éste gobierno es condescendiente.

A ésta hora no se conoce el real alcance de la huelga, sin embargo me siento feliz por haber perdido éste día de trabajo y que millones de trabajadores españoles e inmigrantes lo hayamos perdido. Los empresarios luchan cada día para defender sus intereses capitalistas, para ello tienen a los medios de comunicación. Los banqueros amenazan con fuga de capitales para que no se toquen sus privilegios, los empresarios presionaron y consiguieron los votos a favor o en abstención en el Congreso de los Diputados, para aprobar la reforma laboral, la reforma fiscal y el Presupuesto. Cuando los trabajadores hacemos una huelga, somos los que perjudicamos al país. Los despidos masivos, los ERES, los recortes salariales y de pensiones, las des-localizaciones, aparentemente no perjudican, a entender de los partidos del capital y que en nada representan a los trabajadores, que en algún caso intentaron hacerlo en el pasado. O cambian su línea política, o condenarán a este país a ser gobernado por quienes terminarán por destruir España.

VIVA LA HUELGA GENERAL
POR UN MOVIMIENTO SINDICAL DE CLASE
Rómulo Correa Moreno

domingo, 26 de septiembre de 2010

29 DE SETIEMBRE, HUELGA GENERAL

La Asociación de Uruguayos en Catalunya apoya la VAGA GENERAL, convocando a concentrarse en Paseo de Gracia y Provença a las 17:30 hs.

Éste 29 de setiembre no es un día más en el calendario de España, es una jornada de lucha como único instrumento de resistencia que tenemos los trabajadores asalariados, autónomos, pequeños y medianos empresarios. Los grandes empresarios, las multinacionales y la banca ya lo hacen cada día por los medios de comunicación que están a su disposición.

Reforma laboral, recorte de pensiones y salarios de empleados públicos, 3 ajustes fiscales en 3 meses, muestran claramente, quienes (para el gobierno) deben pagar la crisis, a las grandes fortunas, empresas y banca no se toca un pelo. Ésta última amenaza con fuga de capitales, luego de haber recibido centenares de millones de euros del Estado, que no colocaron al servicio del crédito (como estaba previsto). Resolvieron su liquidez, pero a las pimes y población no les han concedido ningún crédito.

El gobierno acaba de subir las previsiones del paro para 2011 al 19,3 % y más recortes sociales, cada semana tenemos novedades (todas malas), todos los analistas prevén más ajustes fiscales éste año, pero en ningún caso se especula con subir los impuestos las rentas de capital o a los dividendos de las grandes empresas.

Motivos sobran para hacer una HUELGA, porque es la única herramienta para presionar; frenar los recortes sociales y salariales, la aplicación de más impuestos a quienes menos tenemos y que se apliquen reformas al mercado de capitales, que son los únicos beneficiados por la crisis.

La AUC sabe que existe escepticismo, falta de confianza en algunos actores sindicales, pero el enemigo es quien no hace huelga, los que tiene otros medios de presión al sistema político no necesitan hacer la VAGA GENERAL, somos nosotros quienes necesitamos perder un día de trabajo, para evitar que se nos continúe haciendo pagar la crisis. Si ésta se debió realizar antes o no, ahora es tarde para debatirlo, lo realmente importante es que el 29 estemos codo con codo quienes ya no podemos continuar pagando la crisis que beneficia a las grandes fortunas.

El 29 debe ser un paro cívico porque las pimes viven del mercado interno y sin circulantes no tendrán a quien vender sus productos. Debe ser una jornada de unidad, con el objetivo de impedir la aplicación descarnada de las recetas del FMI y UE que nosotros ya conocimos en Uruguay.

Instamos a nuestros compatriotas y amigos a trabajar para que el MIÉRCOLES 29 sea una verdadera acción ciudadana, de respuesta y resistencia a que nos empujen a sufrir más paro y marginación, éste día quienes están en paro más que nunca deben exigir por sus derecho a vivir.

El MIÉRCOLES 29 DE SETIEMBRE la AUC se concentra en Paseo de Gracia y Provença a las 17:30 hs., Llevemos nuestras banderas, junto a la de la asociación que allí estará.

viernes, 3 de septiembre de 2010

OFENSIVA RACISTA EN ESPAÑA

Las declaraciones de la Senadora y Presidenta del PP de Catalunya, Sra. Alicia Sánchez Camacho, obedecen a la misma política que se viene aplicando en varios países Europeos, la ofensiva contra el pueblo gitano he inmigrantes, aprobando leyes cada ve más restrictivas y excluyentes, entre otros; son el instrumento legal que utilizan las clases dominantes, que ante la crisis, responden con represión.

La Europa de los despojos coloniales, hoy se pretende proyectar como la gran fortaleza, se levantan muros, alambrados y todo lo que haga falta para frenar el hambre. Se riega el mundo pobre de multinacionales, para continuar saqueando la riqueza aún existente. Se mantiene maniatada la Organización Mundial de Comercio (OMC), asegurándose así precios de intercambio leoninos para con los países productores de materias primas, por medio del dumping, aplicación de aranceles y subvenciones a la producción.

Junto al otro gran imperio EEUU, durante décadas instruyeron al FMI para que obligara a aplicar recetas en los países pobres que llevaron a profundas y sangrientas crisis. Hoy el FMI les impone esas mismas recetas. Ante ello responden con exclusión, empujando a la marginación a amplios sectores de trabajadores autóctonos. Éstas son las políticas que la derecha Europea aplica allí donde gobierna y que algunos gobiernos de centro o centro izquierda, se avienen a implementar.

Para tal fin se utilizan otras herramientas que poco a poco van minando la conciencia social, produciendo apoyo ciudadano a éstas políticas y fisurando la imprescindible unidad que necesitan fortalecer los sectores sociales más golpeados por las políticas neoliberales, para lograr mejorar sus condiciones de vida.

1- Se elaboran campañas de mediano y largo plazo en los grandes medios de comunicación, fabricando estereotipos antagónicos, unos reconocibles por el cerebro, otros que producen repulsión por el cerebro. Informaciones sesgadas, programas que se dedican exclusivamente a profundizar éstas diferencias, puntualizar nacionalidades o grupos sociales, imposición de una percepción de que los inmigrantes son delincuentes, etc.

2- Se profundiza en el hecho diferencial, lo distinto no es bien visto, se visualiza como algo trasplantado, hasta incidir en las preferencias estéticas de la ciudadanía. Si las nacionalidades con mayor cantidad de extranjeros en España son Europeos, ¿porque a nadie molesta?, es que se ha impuesto en el imaginario colectivo que los Europeos “son gente más culta, refinada” porque son del primer mundo. Los que vienen de otras partes del Mundo se encuentran fuera del patrón incorporado por el cerebro.

3- Se falsea la realidad, diciendo con manifiesta la Sra. Sánchez Camacho, que los inmigrantes reciben más ayudas que los ciudadanos españoles, para incentivar la reacción social autóctona, contra los inmigrantes, sin reparar en los peligros que éste tipo de declaraciones producen en la sociedad.

4- Se oculta u omite la realidad, por parte de las administraciones que no explican, (a la ciudadanía) concienzudamente los parámetros que se utilizan, por temor a la politiquería de la derecha, cuidando su electorado a toda costa.

Dijo la Sra. Sánchez Camacho, según El Periódico: ...que garantizarían que los inmigrantes no cuenten “con más ayudas que los de aquí”. “Demandó igualdad para todos, para los de casa y para los de fuera; que no hayan más ayudas a unos que a otros”. La Senadora sabe muy bien que los parámetros utilizados para brindar ayudas de la administración, son iguales para todos, el problema estriba en que los recursos para tal fin no se incrementan en proporción al crecimiento demográfico y necesidades emanadas de la crisis. ¿Sabe porque?. Porque se destinaron a salvar a la banca. Me pregunto, ¿cual fue el motivo para no advertir a la ciudadanía que en cualquier momento explotaría la burbuja inmobiliaria?, claro es que no podían perjudicar a los grupos económicos que representa su partido.

La Sra. Sánchez Camacho lo sabe, pero no está demás recordar que las personas inmigradas no cuentan con el circulo familiar y de amistades que una persona autóctona, en la mayoría de los casos han dejado o perdido todo lo que han podido (si pudieron), construir en su país de origen y vienen a otro sitio que no conocen (a comenzar de cero), desprovistos de redes sociales que les ayuden a establecerse, conseguir trabajo y conocer los códigos sociales. Éste proceso de adaptación al nuevo medio lleva algunos años, no cuentan con bienes o estatus social (heredado o por heredar) como los ciudadanos autóctonos.

En consecuencia sus ingresos familiares son inferiores a los de un ciudadano autóctono, aún haciendo el mismo trabajo y ganando el mismo sueldo. Ademas tienen la necesidad de ayudar a sus familias en origen, gracias a las políticas anunciadas al principio. Ésta explicación me recuerda a la tan mentada igualdad de oportunidades, somos iguales pero no todos partimos de cero, unos cuentan con recursos y redes sociales que les permiten acceder en la escala social, otros deben construir su futuro sin ayuda alguna y solo con su propio esfuerzo. En Catalunya el pacto Nacional por la Inmigración y la Ley de acogida, permiten brindar herramientas para acelerar el proceso de afianzamiento, conocimiento del medio y establecimiento de caminos.

En realidad las declaraciones de la Sra. Senadora procurar producir más segregación social y utiliza electoralmente las percepciones que ya han logrado introducir en el imaginario colectivo. Ser más serios y dar la lucha política en términos de honestidad social y compromiso con los “valores democráticos” que dice defender, es la obligación que tiene. No está demás recordar que salio a repartir aquel panfleto infame contra la población Rumana residente en la Ciudad de Badalona.

No nos olvidemos, que detrás de éstas declaraciones hay una política pergeñada desde la ultra derecha Europea. Ante éstas políticas el pueblo necesita más unidad, más lucha, más solidaridad.